1979
En un taller de Bogotá, Gustavo Estrada y Mariam Riveros empezaron un oficio que era, sobre todo, una manera de mirar: la obsesión por el detalle, la paciencia como método, el respeto por lo bien hecho.
No nos heredaron una técnica. Nos heredaron un criterio ,la capacidad de reconocer cuándo algo está a la altura, y la terquedad de no conformarnos con menos.